El sueño de Ferenc Màtè: UN VIÑEDO EN LA TOSCANA

Un escritor y una pintora, Ferenc y Candance Màtè, deciden un buen día dejar Nueva York e instalarse en La Toscana, donde, junto a su hijo, disfrutan de una placentera vida en su casa de campo próxima a Montepulciano. ¿Qué más se le puede pedir a la vida que buenos vecinos, comida de la mejor, un huerto para la familia y saborear un buen vino?
Lo malo (y lo bueno) es cuando sigues soñando y en tu interior se instala otro sueño que se va convirtiendo en deseo, luego en decisión, más tarde en empeño… Hasta que te pones en marcha como Ferenc y su familia y no puedes parar hasta verlo, tocarlo y saborearlo.
Y es que a uno le puede dar por pedir a la vida convertir unas ruinas en una gran bodega de la que salga un excelente vino. Exactamente eso fue lo que le pasó a Ferenc Màtè, poniendo en marcha la aventura que relata en este libro.
Una aventura divertida sobre todo, y muy bien contada. Los paisajes, las peculiaridades de carácter de los toscanos, la elección de las cepas, cómo cuidarlas, la tierra, las complicadas obras de reconstrucción, el esfuerzo y perseverancia que invierte y otros muchos detalles curiosos que te enganchan hasta el final de la historia.
Un final en el que, después de haber compartido con los Màtè tantos avatares y ese entusiasmo poco común, te dices que, si fuera una película en vez de una novela, aplaudirías.

PD: Uno de los vinos de la bodega de los Màtè, Banditone(100% Syrah), fue denominado Vino Tinto Italiano del 2007.

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EL SABOR DE VENECIA. A la mesa con Brunetti, o cómo casar novela negra y gastronomía

Me llamó la atención en una de mis cacerías temáticas. ¿Donna Leon, un libro de cocina? Bien es cierto que se trata de un recetario especial, aderezado con fragmentos de su comisario Brunetti y anécdotas sobre cómo miman, cultivan,  pescan y saborean su comida los venecianos.
De esta escritora (americana, afincada en Venecia) no he leído más que Muerte en la Fenice, y me gustó. Su producción es larga y de culto para los aficionados a la intriga y al género policiaco. Su comisario Brunetti es, sin duda, todo un personaje.
¿Pero cómo casan novela negra y gastronomía? Todo tiene su lógica. Donna Leon lo justifica en el prólogo de El Sabor de Venecia. La animaron los frecuentes comentarios de sus lectores sobre la presencia y el importante espacio que ocupaban en sus historias la alimentación y la comida. Sostiene que al hablar de ello en sus novelas no hacia sino reflejar la forma de comer de los habitantes de Venecia, y un hecho normal de la vida diaria en Italia y otros países mediterráneos: el aprecio por las comidas. La vida en Italia está llena de comida: se habla de ella, se dedica tiempo a comprarla, a prepararla y a degustarla.
Leon afirma, rotunda, que la comida es, además de una expresión cultural, una expresión de amor. Una afirmación que comparto. La forma más básica – añade- de demostrar amor de la persona que se preocupa por alimentarte para que estés bien, para que te sientas mejor.
El Sabor de Venecia lo escribe de la mano de su amiga Roberta Pianazo (joyera y cocinera), la persona que, según la autora, además de prodigarse en esa básica expresión de amor, le ha enseñado a abrir su boca, sus sentidos y su mente a los sabores.
El libro está dividido al uso de los recetarios: Antipasti, Primeros Platos, Verduras, Pescados y Mariscos, Carne y Postres. Recetas tan sugerentes como las albóndigas de ternera y jamón, Fagottini de cigalas, espaguetis con mejillones, lasaña con corazones de alcachofa y jamón, zanahorias sabrosas, filetes de salmón y champiñones a la albahaca, sabroso pez espada empanado, tarta de peras o cerezas fritas…
Y entre una y otra, acompañándolas, contextualizándolas, te obsequia con fragmentos de Brunetti, consejos de su amiga Margherita para hacer orechiette, relatos de cómo son las huertas familiares que nutren el mercado de Venecia y conversaciones con il capitano Alberto, un pescador tradicional de la laguna veneciana. Entretenido y en momentos realmente divertido. Insuperable, la comparación de las tácticas excepcionalmente astutas de las ancianas que acuden a comprar al mercado de Rialto con las descritas en el tratado De la Guerra, del general prusiano Von Clausewitz …
Un libro de cocina que va más allá de la mera enumeración de recetas (atractivas y curiosas). Te recuerda que los matices locales de cada manera de elaborar un plato tienen tras de sí, generalmente, un largo e interesante porqué.

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CUANDO LOS RECUERDOS TIENEN SABOR Y OLOR

Una historia entretenida, aderezada con recetas sugerentes y llenas de sentido. Tres hermanas iraníes inician un viaje huyendo del miedo y del horror de una revolución que las engulle dolorosamente. Viaje que acaba, cosas del destino, en un pequeño pueblo de Irlanda a cuyos habitantes cautivan con sus exóticos guisos. La sopa de lentejas rojas, el torshi, el pan lavash, las dulces orejas de elefante, el rotundo abgusht, el dugh, y la baghlava van entrelazando a las recién llegadas con los vecinos y clientes de su Café Babilonia.

Allí deshacen finalmente el equipaje con el que han ido cargando desde Teherán: especies, alfombras, samovares, semillas, viejos libros de recetas, … Y recuerdos, muchos recuerdos entremezclados con miedos y pesadillas, que tienen que ser desenrollados como las madejas de hilo, conjurados, para trazar la línea entre lo vivido y la vida que tienen por delante. La hermana mayor, Marjan, cuida de Bahar y Layla con el tesón e instinto ancestral con los que cocina, y juntas, mientras ella prepara sugestivos platos, mezclando aromas y texturas para cada ocasión, vencen miedos ajenos: la desconfianza ante lo desconocido.

La autora, Marsha Mehran, no es una escritora de culto. Y esta no es “la” novela, pero si es una lectura agradable y amena, que se acompaña además de varias recetas muy atractivas. Tanto, que probar alguna. De entrada, el dough, una bebida de yogur con pimienta negra y menta fresca picada, y baghlava de pistachos y agua de rosas… ¿A qué suena bien?

 

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MEDIO PAN Y UN LIBRO

Hoy dedico el post al discurso de Federico García Lorca en la inauguración de la biblioteca de Fuente de Vaqueros en septiembre de 1931. Me lo ha enviado Sophie Foullioux y creo que, como a mi, les interesará a los lectores de este blog. Ya me diréis…

“Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión. Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada. No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social. Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.

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CONFESIONES DE UN CHEF


Las experiencias de Anthony Bourdain en las cocinas donde ha trabajado, y su forma de narrrarlas, te hacen pasar un buen rato. Amenas, impactantes, caóticas, agobiantes, brutales muchas veces, divertidas.
Ofrecen una visión de las grandes cocinas tan al límite que espero, por el bien de los cocineros profesionales, no sea la tónica general.
Ritmo frenético, un ejército de personajes sometidos a la máxima tensión, adiestrados para funcionar como la maquinaria de un reloj, disciplinados y sufridos. Bourdain (el del programa de TV Sin Reserva, que va por el mundo probando los alimentos más imposibles) describe apasionadamente las aventuras y desventuras del camino recorrido hasta convertirse en chef. Habla de los personajes con los que ha compartido trabajo, éxitos y fracasos. De los instrumentos indispensables y prescindibles de un cocinero. De sabores, pescados, mantequillas y recuerdos de la infancia. De cómo se ganó su respeto la cocina tradicional italiana.
Y aquí un pedacito, para abrir boca. ” Quiero que los lectores echen un vistazo a las verdaderas alegrías que proporciona hacer una buena comida con profesionalidad. Me gustaría que entendieran qué se siente cuando se logra alcanzar algo así (…) como el sueño de un niño: mandar la tripulación de su barco pirata. Qué se siente, se ve y se huele en medio del ajetreo y el siseo de la cocina del restaurante de una gran ciudad. Me gustaría transmitir lo mejor posible las curiosas delicias del lenguaje, la jerga, las calaveradas de quienes están en primera línea de los fogones”.

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UNA NOVELA QUE SE DEVORA

Una agradable historia, muy entretenida y que te mantiene la sonrisa de la primera a la última página.
Una historia de amor con un desenlace (no lo voy a desvelar…) aderezado con las recetas que componen el Menú D’Amour de Aurélie.
Canónigos con aguacate, champiñones y nueces de macadamia con vinagreta de patata. Ragú de cordero con granada y patatas gratinadas. Y el broche: gâteau au chocolat con parfait de naranja sanguina.
Todo muy francés. Empezando por el autor, Nicolas Barreau, que lo es en un 50 por ciento (su madre es alemana).
La novela se desarrolla en París y tiene como personajes a Aurélie, dueña de un pequeño restaurante, y a un editor llamado André.El restaurante de Aurélie, Le Temps de Cerises, está presidido por una frase que Barreau adjudica a Joseph Conrad: “Solo un tipo de libros ha contribuido a aumentar la felicidad en nuestro mundo; los libros de cocina”.
Original, sorprendente y divertida, se deja “devorar” de un tirón.

P.D: Las recetas están muy bien. Ya he probado la ensalada de canónigos, etc, con la vinagreta de patata y está muy buena.

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